Chefchaouen en un día

Chefchaouen es el pueblo más bonito de todo Marruecos. O al menos de los que yo conozco, que no son todos, claro. Junto con Assilah, Rabat y Essaouira, Chefchaouen está entre los imprescindibles del país. Lo encontraréis escrito como Chefchaouen, Chaouen, Chauen y hasta El-Aiún en el mapa de Google Maps. Pero cómo escribirlo es lo de menos, sigue siendo un pueblo precioso.

Chaouen

Se encuentra en el norte del país, cerca de la costa mediterránea. No queda lejos de Ceuta, Alhucemas, Tetuán o Tánger, aunque es una excursión muy típica desde Fez. Y desde Fez fuimos a visitarla.

El desarrollo de la ciudad se produjo tras la expulsión de los musulmanes y judíos del sur de España. Muchos de ellos se instalaron en esta población cercana a la costa y trajeron con ellos sus tradiciones. De ahí que empezasen por encalar las viviendas. Hoy en día aún se conservan la estructura medieval de las calles y muchas de las tradiciones. Durante gran parte del siglo XX, la ciudad formó parte del protectorado español del norte de Marruecos, por lo que se encuentran muchas señales en castellano. Allí nos pudimos olvidar del francés durante unas horas.

VIstas sobre Chefchaouen desde la muralla

VIstas sobre Chefchaouen desde la muralla

Cómo llegar

El trayecto es todo por carretera nacional, por lo que, aunque está a tan solo 200 kilómetros, el trayecto dura algo más de 3 horas. Pese a la idea de país desértico que tenemos de Marruecos, todo el trayecto transcurre entre verdes valles, campos de cebada y bonitas montañas. Pese a no haber ningún punto concreto que destacar, el camino se hace muy agradable.

Las carreteras, en su mayor parte están en bastante buen estado, aunque se encuentran zonas con baches o con un pavimento en peor estado. Pero lo normal el cualquier carretera, en general. Con lo que sí hay que estar más atento es con los numerosos controles de policía. Allí los radares siguen siendo de pistola y apenas se ven con antelación.

Aun así, aunque la policía tiende a parar a los coches para controles rutinarios, en todos los casos fueron extremadamente amables. Ya veníamos con experiencia ya que habíamos tenido un control volviendo de Meknés.

Primera vista de Chefchaouen desde la carretera

Primera vista de Chefchaouen desde la carretera

Antes de entrar al pueblo, tuvimos una buena panorámica de Chefchauen desde un mirador que se encuentra a la entrada. Allí me sorprendió ver que era una ciudad bastante grande. Aunque se veía efectivamente toda azul, me decepcionó ver que más que por pequeñas casas de pueblo, parecía estar formado por grandes edificios típicos de una ciudad media. Al menos, esa sensación daba desde el mirador.

Visita de Chefchaouen

Seguimos un par de kilómetros más en el coche hasta el centro de la ciudad. Pudimos aparcar cerca del hotel Parador, justo a la entrada del recinto amurallado. Desde ahí, la impresión era distinta. Toda la zona cuenta con casitas bajas, encaladas y de un intenso tono azul. Solo las murallas mantienen el color de piedra rojizo original.

Kasbah de Chefchaouen

Kasbah de Chefchaouen

Sería difícil describir punto por punto la visita de la medina de Chefchauen ya que es un auténtico laberinto. El mejor punto para empezar es la plaza de la kasbah, donde encontraréis la mayor parte de los restaurantes de la ciudad. Desde allí comenzamos a subir por la calle Targui.

Al principio de la subida, como en todo buen pueblo turístico, encontramos numerosas tiendas de recuerdos y abundancia de turistas. Pero en cuanto avanzamos 200 metros, todo eso desapareció. En las calles no había más que niños jugando y hombres vendiendo pescado. Las calles se mantienen como habían sido en el pasado.

Chaouen

Tras siglos de encalar las fachadas, muchas aceras se han teñido de azul. Nos encontramos que a veces es difícil distinguir dónde acaba la pared y dónde empieza el suelo ya que la acumulación de sedimentos ha dado una curiosa forma de U a las calles.

Lo más interesante es que el azul no es homogéneo. Cada casa tiene su propia tonalidad y normalmente las puertas y ventanas tienen azules distintos. Encontramos alguna casa pintada en vez de encalada, por lo que tenía un brillo que desentona bastante. Pero bueno, esas son las menos ya que en casi todos los casos han respetado la gama cromática.

Chefchaouen

Uno de mis puntos favoritos de la ciudad (os lo marco en el mapa), lo encontramos a tan solo 50 metros de la plaza de la kasbah, subiendo por Targui. Se encuentra frente al restaurante Tissemlal.

Desde ahí, comenzamos subiendo por las distintas callejuelas, siguiendo más el instinto que el mapa. Preparaos para subir escaleras, porque lo difícil en Chefchaouen es encontrar una calle llana. No dejéis de subir hasta la parte más alta, donde encontraréis parte de la muralla. Allí nos encontramos con magníficas vistas de las azoteas de la ciudad.

Chefchaouen

La bajada hacia la plaza de la alcazaba fue similar, por calles azules, con ropa tendida y niños corriendo escaleras arriba. En algunas esquinas encontramos antiguos hornos aún en funcionamiento donde se producen polvorones y otros productos con almendra y frutos secos. ¡No dejéis de probarlos!

En la bajada descubrimos la calle Rouachid, una de las más bonitas de todo el pueblo. Varias puertas, arcos, y callejones… y todo azul. No os lo perdáis.

El día de la visita, como se ve en las fotos, disfrutamos de un cielo totalmente despejado y limpio. Sin embargo, cuando estábamos en algunos rincones rodeados de casas azules, el tono de estas era tan intenso que, por contraste, el cielo parecía ser gris. Como si estuviese cubierto de una fina capa de nubes.

Para comer, decidimos probar el restaurante Beldi Bab Sour. Tiene muy buenas recomendaciones y unas vistas excelentes. La comida fue muy buena y por fin encontramos pescado. Probamos varias ensaladas, tajín y unas alubias exquisitas. La pastilla de mariscos fue lo menos interesante.

El restaurante Beldi Bab Sour tiene unas vistas impresionantes

El restaurante Beldi Bab Sour tiene unas vistas impresionantes

Tras la comida, paseamos por la zona baja de ma medina, haciendo paradas en la puerta Bab el Ain, la plaza El Haouta y encontrándonos con muchos callejones sin salida. Dando ya por vistas las principales zonas de la medina, aprovechamos el tiempo que nos sobraba para seguir paseando y repetir algunos de los rincones más agradables.

plaza El Haouta

Plaza El Haouta

Así llegbamos a los lavaderos de Ras el-Maa de Chefchaouen. Para mí, son la parte menos interesante del pueblo.

Acabamos la visita con un muy buen café en la cafetería del hotel Parador. Estando en la cima del barranco, tiene muy buenas vistas sobre las afueras del pueblo y las montañas que lo rodean. Se ve incluso el cementerio, el cual es también completamente azul.

Chefchaouen

La vuelta fue tan agradable como la ida, aunque el último tramo, ya de noche y con nula iluminación en la carretera fue algo más complicado.

En fin, creo que por mi tono durante el artículo se ha notado cuánto me gustó Chefchaouen y sobra decir que lo recomiendo encarecidamente.

Mapa

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