Excursión a Medinaceli

Una de las cosas que más me gusta de estar de vuelta en Europa es la facilidad para salir de la ciudad. Desde Beijing, casi cualquier visita era una aventura que requería preparación, reservas y mucha logística. Ahora desde Murcia o Madrid todo parece más fácil. Aunque últimamente el clima no estaba muy por la labor de permitir muchas excursiones. Pero por fin salió el sol y un amigo y yo decidimos hacer una visita a Sigüenza y, ya de paso, descubrir la cercana Medinaceli.

Las calles de de Medinaceli

Las calles de de Medinaceli están muy bien cuidadas y da gusto pasear por ellas

No era mi primera vez, pero hacía tanto de la última vez que había visitado ambas localidades que para mi todo era como nuevo. Sigüenza y Medinaceli se encuentran en las cercanías de la A-2, por lo que son una visita perfecta tanto como excursión desde Madrid, Soria o Zaragoza, como parada a mitad de camino en un viaje más largo.

En este caso, la excursión empezaba y acababa en Madrid. Por ello preferimos ir primero a Medinaceli, que se encuentra un poco más lejos y así hacer la vuelta más ligera. Así que al punto de la mañana partimos dirección noreste camino a uno de los pueblos más interesantes de España.

Vistas de la alcazaba de Medinaceli

Vistas de la alcazaba de Medinaceli

Medinaceli

En tan solo hora y media estábamos llegando a la salida de Medinaceli, que se encuentra justo en el punto donde se unen la A-2 y la A-15, la autovía de Soria. Incluso antes de salir a la carretera nacional que nos lleva al conjunto histórico, ya podemos disfrutar de magníficas vistas del mismo en lo alto de la colina. Lo primero que se distingue son el castillo y el arco romano. El pueblo ya nos gustó incluso antes de llegar.

Vistas de Medinaceli en el camino de subida

Vistas de Medinaceli en el camino de subida

Ahora, Medinaceli está dividida en dos partes: el casco antiguo en lo alto de la colina y el pueblo nuevo, en una zona de más fácil acceso junto a la autovía. La subida en coche apenas toma cinco minutos y tras cada curva nos va regalando mejores y mejores vistas.

Introducción histórica

Pero antes de contar lo que vimos, una pequeña introducción. Parece ser que hay evidencias de que hubo asentamientos celtas antes de la conquista romana, por lo que estamos hablando de que esta colina está habitada desde hace más de dos mil años. A los romanos también les gustó esta posición, desde donde controlaban las cercanas salinas. También fue una fortaleza árabe durante siglos y tras la reconquista en 1129 siguió estando poblada.

Torre de la Colegiata desde la Puerta Árabe

Torre de la Colegiata desde la Puerta Árabe

Esta historia se podría parecer a la de muchos otros pueblos castellanos, pero para mí, tiene un toque especial, ya que allí encontramos restos de todas las culturas que he nombrado. Y en muy buen estado. Por lo tanto, Medinaceli ofrece un arco y un fresco romanos, una alcazaba y una muralla árabes, un plano de orígenes medievales y un palacio renacentista. Todo esto en un conjunto histórico que apenas mide 300 metros de largo por 400 de ancho. Es decir, en tan solo una hora de visita recorrimos 2000 años de historia de España y aún nos dio para disfrutar de un buen café en la Plaza Mayor.

Arcadas de la Plaza Mayor de Medinaceli

Arcadas de la Plaza Mayor de Medinaceli

Medinaceli Romana

Tras dejar el coche en el aparcamiento gratuito que se encuentra junto a la entrada al pueblo, nos pusimos a pasear. Al estar en la entrada del pueblo y al lado del aparcamiento, la primera parada fue el arco romano. Data del siglo I y aunque el tiempo no lo ha tratado con demasiado cariño y algunos de sus relieves se han perdido, la estructura está intacta. Es el único con tres vanos en España. Eso, y su situación al borde del acantilado con vistas sobre todo el valle ya hacen que la visita a Medinaceli merezcan la pena.

Arco romano de Medinaceli

Arco romano. Aquí se pueden apreciar los tres vanos y los restos de la decoración original

Pero como ya hemos comentado, aún queda más. Las casas en piedra del pueblo están muy bien conservadas por lo que es agradable perderse por sus laberínticas calles. Cerca del arco, en la plaza de San Pedro, nos encontramos con el mosaico romano. Solo se puede ver una parte, ya que la otra está bajo una de las casas de la plaza. Pese al buen estado de conservación de la parte visible, el cristal protector que le han colocado no facilita especialmente su contemplación.

Mosaico romano

Mosaico romano

Medinaceli Árabe

Continuando el orden cronológico de la visita, salimos por la puerta árabe de la muralla camino a la alcazaba. La estructura que ahora se puede ver es una restauración del castillo del siglo XIV, construido sobre los restos de la fortaleza árabe. Es una edificación sencilla aunque merece la pena acercarse a ella para observar las distintas torres de planta circular y cuadrada de la misma.

Puerta Árabe de la muralla

Puerta Árabe de la muralla

Una vez en este punto de la visita es fácil entender la importancia estratégica de esta plaza. En un punto tan alto y casi inexpugnable, un sencillo castillo permitía proteger la ciudad de los conquistadores.

En principio, el castillo se concibió como casa de los duques de Medinaceli. Sin embargo, finalmente se trasladaron al palacio construido en la Plaza Mayor.

Castillo de Medinaceli

Castillo de Medinaceli. Aquí se aprecia la ausencia de almenas y la simplicidad dela construcción

Medinaceli Renacentista

Tras volver al casco antiguo y casi pasar de largo por la ermita del Beato Julián, que de tan sencilla parece querer camuflarse, seguimos hacia la Plaza Mayor. Allí encontramos algunas de las joyas renacentistas de la localidad, como el Palacio de los duques de Medinaceli, la alhóndiga (actual oficina de turismo) y la casa de Francisco Grande Covián. Como buena plaza mayor castellana, casi todas las casas cuentan con soportales. Nos pareció el punto perfecto para tomar un buen café aprovechando que el cielo se había despejado.

Casa de Francisco Grande Covián en la Plaza Mayor

Casa de Francisco Grande Covián en la Plaza Mayor

Sin hacerlo a propósito, habíamos dejado la parte religiosa de la ciudad para el final. En el centro del casco urbano se encuentra la colegiata de Nuestra señora de la Asunción. Os aconsejo que le echéis un vistazo tanto desde la plazuela de la Iglesia como desde las diversas callejuelas que salen de esta. Es que siempre me gustaron los arcos y varias de estas entradas cuentan con ellos.

Colegiata de Nª Señora de la Asunción

Colegiata de Nª Señora de la Asunción

Pese a mi poca afición a pagar por entrar en las iglesias, como teníamos tiempo y la entrada solo costaba 1 euro, decidimos visitar la colegiata por dentro. Los puntos más destacables son el coro, el órgano situado sobre el mismo y la imagen del Cristo de Medinaceli situado frente al retablo.

Interior de la colegiata

Interior de la colegiata

FIn de la visita

Dando casi por concluida la visita y ya de camino al coche, hicimos una parada en el Convento de las Clarisas y entramos a la aledaña iglesia de Santa Isabel. Pero mi punto favorito fue el antiguo palacio del marqués de Casablanca. Con vistas al descampado que hace las veces de campo de fútbol, en su fachada aún se ve un antiguo blasón y restos del estucado que lo decoraba. Pese a tener dos plantas, encima de la puerta principal se encuentra una ventana que parece dar a un inexistente tercer nivel.

Mi palacio favorito en Medinaceli

Mi palacio favorito en Medinaceli, el del marqués de Casablanca

En fin, Medinaceli tiene tanto que ver que parece difícil creer que todo lo que acabo de describir se puede visitar y disfrutar en apenas una hora. Y sin prisas. Toda una joya histórica.

La siguiente parada: Sigüenza.

 

Mapa

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