Visita a Meknes, Volubilis y Mulay Idriss

La excursión a Meknes, Volubilis y Mulay Idriss es una de las más sencillas y cómodas desde Fez. Encontraréis muchas agencias que os ofrecen transporte con o sin guía para realizar las visitas. Pero, si como nosotros, preferís ir por libre, el coche es la mejor opción.

Meknes, o Mequínez, es una antigua capital imperial de Marruecos y se encuentra a apenas 65 kilómetros de Fez. Volubilis fue una de las principales ciudades romanas del Magreb y ahora cuenta con los restos romanos mejor conservados de todo Marruecos. Por su parte, Mulay Idriss es considerada como la ciudad más sagrada del país magrebí. En esta excursión de un solo día se pueden visitar tres aspectos muy distintos de la historia marroquí.

Por ello, en cuanto recogimos el coche, empezamos la tanda de excursiones desde Fez por esta visita. En días posteriores fuimos a Rabat, Chefchauen y el Atlas Medio.

Meknes

Siendo la ciudad más grande de la visita y también la más cercana, decidimos empezar por esta antigua capital. Desde Fez, se puede llegar por carretera nacional (la N-2) o por autopista. Para ir más cómodos, optamos por la vía rápida, que se encuentra en perfectas condiciones y que nos ahorró bastante tiempo.

Plaza Lahdim de Meknes

Plaza Lahdim de Meknes

Las salidas están muy bien indicadas y apenas cuesta 15 dirham, por lo que realmente merece la pena. La primera sorpresa conforme entrábamos fue descubrir que la ciudad es mucho más grande de lo que esperábamos. Pero el centro histórico y la medina sí se ajustaban a lo que habíamos pensado. Hay aparcamiento en pleno centro, justo entre los zocos y el recinto palaciego, lo cual resultó muy conveniente.

Plaza Lalla Aouda

Plaza Lalla Aouda

Ciudad Imperial

La visita comenzó por las zonas exteriores de la ciudad imperial. Lo mejor conservado son las antiguas murallas, en especial las puertas. La entrada Bab Mansour es la principal y más vistosa de todas. Los azulejos en verde que rodean a la puerta y que cubren los puestos de vigía destacan de una manera preciosa sobre el rojizo de la piedra de la muralla. Es la puerta más grande de Marruecos y es considerada una de las más hermosas obras arquitectónicas de Mulay Ismail, emperador de Marruecos cuando Meknes era la capital.

Puerta de Bab el Mansour

Puerta de Bab el Mansour

Para cruzar la muralla, tuvimos que usar una de las puertas secundarias que se encuentran en los alrededores. Allí nos encontramos con la plaza Lalla Aouda. De aquí, lo único que nos pareció destacable fue la abundancia de carruajes destartalados tirados por caballos que habían vivido mejores tiempos. Eso sí, parecían ser una gran opción para dar un lento paseo por la ciudad, y no faltaron quienes se ofrecieron a hacernos de guías por la ciudad.

De todas maneras, la parte que más nos interesaba era la antigua medina y los zocos. Por ello, volvimos a atravesar la muralla y atravesamos la plaza Lahdim. Esta nos recordó mucho a la plaza  Jamaa el Fna, aunque con mucha menos animación. Aun así, no faltan los cafés y tiendas rodeándola, así como un par de encantadores de serpientes, puestos de vendedores bereberes y un par de camellos.

Encantador de serpientes en la plaza Lahdim

Encantador de serpientes en la plaza Lahdim

Mirador y Madraza Bou Inania

Cualquiera de las entradas a la medina desde la plaza es buena, aunque la que da al mercado de pescado me pareció una gran opción. Eso sí, una vez dentro, es difícil explicaros un itinerario ya que como buena medina, es un laberinto. Como ya habíamos encontrado en Fez, muchas casas, tiendas y bares ofrecen la terraza como mirador y nos pareció una gran opción para centrarnos en la ciudad. Elegimos la terraza del Riad Benchekroun como podíamos haber elegido cualquier otra, pero resultó tener de las mejores vistas de todo el centro. Y el té de menta no defraudó.

Vistas sobre la ciudad desde una de las terrazas más altas

Vistas sobre la ciudad desde una de las terrazas más altas

Desde arriba, al ser una de las terrazas más altas, se veían perfectamente todas las mezquitas, los zocos y las laberínticas calles de Meknes. A mí, como ya habréis ido viendo en otras entradas, ver una ciudad desde el punto más alto, es algo que me parece apasionante en cualquier destino que visito. Voy siempre en busca del mirador.

Patio de la Madraza Bou Inania

Patio de la Madraza Bou Inania

Una vez abajo y tras haber pasado por la correspondiente tienda de alfombras bereberes, nos dirigimos a la Madraza Bou Inania. Por suerte, es una de las pocas que nos hemos encontrado que estén abiertas al turismo no musulmán.

La entrada cuesta 10 dirham y me pareció la visita más interesante de todo Meknes. Mereció la pena esperar a que el grupo que la visitaba se fuese del patio principal, hermosamente decorado. Como otros lugares similares, está cargado de simbolismo, teniendo las paredes distintos niveles de decoración. Desde textos coránicos a la altura de los ojos hasta una preciosa celosía blanco con los más variados diseños. La fuente del centro y las puertas también tienen decoraciones muy ricas.

Detalles de la Madraza Bou Inania

Detalles de la Madraza Bou Inania

No os perdáis la segunda planta, con pequeñas celdas a través de cuyas ventanas se puede ver el patio con perspectivas muy interesantes. En la tercera planta cuenta con una terraza donde aprovechamos los primeros rayos de sol que tuvimos ese día.

Zocos y medina

La madrasa está rodeada por los zocos. Están muy limpios y recientemente remodelados y, tras haber visto otros más tradicionales, no resultaron especialmente atractivos. Pero el gran acierto fue recorrer las callejuelas de la medina. Allí todas las casas están pintadas en beige, rosa y amarillo y de vez en cuando nos encontrábamos con pequeñas mezquitas, puertas con exquisitas decoraciones y pequeños rincones que hicieron que la visita a Meknes mereciese la pena.

Uno de los coloridos callejones de la medina de Meknes

Uno de los coloridos callejones de la medina de Meknes

Me costaría indicaros un itinerario, siquiera aproximado. Lo mejor es dejarse llevar y que el instinto os diga por dónde ir tras cada cruce. También encontraréis numerosos hornos de pan, tejedores e hilanderos que amablemente os dejarán echar un vistazo a sus talleres.

Colorida puerta cerca del zoco de Meknes

Colorida puerta cerca del zoco de Meknes

Por último, como ya tocaba comer, paramos en el restaurante Ya Hala, que nos habían recomendado en Fez. Es realmente una casa particular y la comida es auténticamente casera. Mi consejo: la ensalada de berenjena, la pastilla y el tajín de cordero con nueces y ciruelas pasas. No os defraudará.

A la salida, volvimos a pasar por la plaza Lahdim, que ahora estaba mucho más animada, tras la retirada de las nubes.

Volubilis

El camino hasta las antiguas ruinas romanas toma unos 40 minutos por carretera nacional. Al atravesar tanto campo, seguimos fascinándonos con lo verde que es esta zona de Marruecos.

Mosaico de los Trabajos de Hércules, uno de los mejor conservados de la ciudad

Mosaico de los Trabajos de Hércules, uno de los mejor conservados de la ciudad

La entrada a las ruinas cuesta 10 dirham, aunque podéis tomar un guía pagando un poco más de dinero. Los encontraréis tanto en inglés y francés como en español.

Al ser unas ruinas en un recinto cerrado con un itinerario más o menos organizado, prefiero no aburriros contando punto por punto qué se puede ver allí. Sin embargo, sí que querría recomendaros que aparte de visitar los puntos más cercanos a la entrada, donde encontraréis la basílica, termas y preciosos mosaicos, sigáis un poco más allá. Detrás del arco de triunfo está la casa del efebo y tras los restos del acueducto se encuentran la casa de los trabajos de Hércules (con los mejores mosaicos de todos para mí) y los baños de las Ninfas.

Restos del foro de Volubilis

Restos del foro de Volubilis

Volubilis vivía de la producción y el comercio del aceite. En la actualidad aún se pueden ver algunas de las almazaras en las que se producía tan preciado producto.

También, en un último esfuerzo, merece la pena subir a la que ahora se llama puerta de Tánger, desde donde tendréis preciosas vistas sobre la vía Decumanus Maximus y los monumentos mejor conservados. Y ya, si la vuelta la hacéis siguiendo el camino secundario, os encontraréis con los restos de la casa del Cortejo de Venus. Así no os habréis perdido ninguno de los puntos esenciales de la ciudad.

Mosaicos y ruinas de Volubilis, con Mulay Idriss al fondo a la derecha

Mosaicos y ruinas de Volubilis, con Mulay Idriss al fondo a la derecha

Lo único malo es que no están en el mejor estado de conservación y algunas plantas están ganando demasiado terreno a las piedras, con lo que se arriesgan a que estas ruinas se dañen o incluso pierdan.

Mulay Idrís

Mulay Idrís, o Moulay Idriss según la grafía más extendida, es la única ciudad santa de Marruecos.  Se encuentra a 5 kilómetros de Volubilis, por lo que durante la visita a las ruinas ya habíamos podido ver el perfil de este bonito pueblo.

Vistas sobre Moulay Idriss desde uno de los miradores de la ciudad

Vistas sobre Moulay Idriss desde uno de los miradores de la ciudad

Está constituido mayoritariamente por casas blancas construidas sobre dos colinas y sus faldas. Por ello, es especialmente atractiva desde la distancia, ya que destaca sobre el fondo verde de las montañas que la rodean. Podréis disfrutar de estas vistas tanto desde la carretera como desde Volubilis.

En Moulay Idriss encontramos muchos burros encargados de transportar mercancías

En Moulay Idriss encontramos muchos burros encargados de transportar mercancías

Una vez dentro, el pueblo pierde parte de su encanto. La atracción principal, la mezquita que contiene la tumba de Mulay Idrís I, fundador de la dinastía Idrisí, está cerrado a los visitantes no musulmanes. Por lo tanto, una vez en el pueblo, las mejores opciones incluyen pasear por los distintos callejones, encontrar una buena terraza desde donde ver la ciudad o tomarte un buen té con menta en la plaza principal.

Mis acompañantes de viaje optaron por esta última opción, por lo que yo me dejé llevar por los callejones de la ciudad. Si bien no son tan bonitos como los de Meknes o Chefchauen, sí tienen el encanto de no ser un lugar turístico. Por ello, y al ser un pueblo pequeño, pude disfrutar de un ambiente mucho más original.

Coloridos callejones de Moulay Idriss

Coloridos callejones de Moulay Idriss

Finalmente, antes del anochecer, emprendimos la vuelta. Tened cuidado aquí, porque algunos GPS indican el camino más corto, que es a través de una carretera en muy mal estado. Aunque sea más largo el camino, merece la pena desandar el camino recorrido y volver por la autovía. Especialmente si se hace tarde.

Mapa

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