Tres días en Sydney – día tres

Los dos primeros días en Sydney habían sido intensos, pero aún me queda mucho por ver. Desde el primer día ya tenía claro que no tendría suficiente tiempo para verlo todo. Algunas playas como la de Manly, las Blue Mountains o el Museo de Australia tendrían que esperar a una nueva visita. Que haberla, habrála.

Watsons Bay

Acantilados de Watsons Bay, a donde fui el primer día

Ya había visitado las playas de Bondi y Tamarama, los parques de Watsons Bay y el suburbio de Balmain el primer día. El segundo visité algunos de los mejores barrios de la ciudad, como Surry Hills, el distrito financiero, el espectacular puerto Darling y la Lonja de pescado. También había recorrido la bahía en ferri, visto la puesta de sol sobre la Ópera y probado algunos de los mejores cafés de la ciudad.

A estas alturas, tenía claro que los aussis son gente amable y tienen uno de los mejores servicios en los restaurantes del mundo (y sin esperar propina a cambio, que aquí no se lleva como en otros sitios). Además, las calles están limpias, los transportes públicos funcionan con puntualidad británica —cosas de la Commonwealth, supongo—, y la comida es excelente hasta en los bares más pequeños. Sydney se estaba convirtiendo en una de mis ciudades favoritas, sin duda.

Mrs Macquarie's Chair

Vistas de la Ópera desde Mrs Macquarie’s Chair

Pero aún esperaban sorpresas.

Día 3 en Sydney

Tras un buen desayuno, me dirigí al mejor sitio para ver el edificio de la Ópera, el mirador de Mrs Macquarie’s Chair. Mrs Macquarie, la esposa de un gobernador de principios del siglo XVIII solía sentarse en este punto para ver salir los barcos que zarpaban del puerto. Esto fue, claro, mucho antes de que se construyese el moderno edificio, por lo que ahora costaría imaginar qué vistas tenía esta buena señora. Es el mismo sitio desde el que vi el atardecer el día que llegué y os aconsejaría disfrutar de ambas vistas: al anochecer, con el cielo rojizo tras la Ópera, y por la mañana con la luz del sol reflejando con fuerza en el edificio blanco y el resto del distrito financiero.

Mrs Macquarie's Chair

Panorámica desde Mrs Macquarie’s Chair

El mirador se encuentra en la península llamada Mrs Macquaire’s Point, en honor a la misma señora, que es también sede de los Jardines Botánicos de Sydney, un buen remanso de paz en la ciudad donde, además de una gran variedad floral, se pueden observar algunos reptiles y abundantes aves.

Sydney Botanical Gardens

Uno de las aves que me encontré en el Jardín Botánico

Wooloomooloo y Pott’s Point

Tras las primeras visitas de la mañana, atravesé la impronunciable zona de Woolloomooloo, donde los antiguos astilleros han sido reconvertidos en viviendas. Más allá de eso, poco interés más tiene la zona. Un barrio tranquilo, de calles soleadas y casas bajas.

Pott's Point

Pott’s Point

Pero necesitaba atravesarlo para llegar a Pott’s point, un histórico barrio obrero con casas victorianas de dos pisos y altos edificios Art Deco. Fue sede de muchas luchas en las que los trabajadores del puerto se alzaron contra los empresarios y el gobierno locales, por lo que el interés del barrio va mucho más allá del carácter arquitectónico. Pero tranquilos, hoy en día ya está muy pacificado y lleno de pastelerías. Sitio perfecto para un goloso.

Uno de los lugares que más me gustó de este barrio fue Elizabeth Bay House, una hermosa casa blanca que en su momento tuvo inmejorables vistas al mar. Ya no. Cosas del desarrollo urbanístico.

Pott's Point

Bonita vista de Elizabeth Bay

De todas maneras, por si vais mal de tiempo u os apetece evitaros unos cuantos escalones, esta zona os la podéis saltar sin problema ya que barrios como Surry Hills de los que ya hablé o el barrio de Paddington que viene ahora son mucho más interesantes.

Paddington y Kings Cross

Paddington parece un pueblecito aparte dentro de la ciudad. Tiene su estilo propio, una gran variedad de restaurantes, de tiendas de lo más variopinto y pequeños hotelitos. Muchas de las casas, todas ellas adosadas como parece haber sido la moda en época victoriana, cuentan con balconcitos protegidos por barandillas de forja. Y no faltaban los que disfrutaban del sol con un buen café en las terracitas. ¡Qué envidia! Por algo Sydney siempre queda en los primeros puestos de ciudades con mejor calidad de vida.

Paddington

Una de las bonitas calles de Paddington

Lo mejor es perderse por las calles Cascade, Stafford, Union, Gurner y William para disfrutar del barrio en todo su esplendor. Personalmente, mi punto favorito fue Five Ways, en la unión de las calles Glenmore y Broughton. Por si os da por mirarlo en Google Street View, ahora se encuentra en mucho mejor estado que cuando echaron las fotos. Dedicadle al menos una o dos horas a la zona, con parada obligada en alguna de las cafeterías con terraza en las que disfrutar del sol.

Paddington

Vista de Five Ways, el lugar perfecto para tomar un café

De camino al centro, si vais andando, podéis pasar por el Green Park y el Museo Judío de Sydney. Aunque el punto más interesante del camino es Kings Cross, una de las estaciones más importantes del centro de la ciudad y que destaca por su gigante anuncio de Coca Cola. Este, como ya pasó en Madrid con el anuncio de Schweppes y del Tío Pepe, se ha convertido en un icono de la ciudad.

Distrito financiero y The Rocks

Se acercaba el final de mi visita a Sydney y, como ya no tenía tiempo para ir al Museo Australiano, decidí volver a pasearme por el distrito financiero ya que, aunque parezca mentira, aún me faltaban cosas por ver. Entre ellas, la Sydney Tower, el mirador más alto de la ciudad. Finalmente decidí saltármela porque hay demasiados edificios que tapan las mejores vistas de la Ópera y parte del puente del Puerto de Sydney. Aun así, en un día claro (que este no lo era tanto), las vistas sobre la bahía y el parque Hyde son bastante buenas.

Hyde Park

Catedral de Saint Mary desde el Hyde Park

Aparte de las altas torres de oficinas modernas, el distrito financiero también cuenta con edificios más antiguos, como el bonito Hospital de Sydney. Como curiosidad, a la puerta de este, hay una estatua de un jabalí, gemelo del Porcellino de Florencia.

Por último, visité The Rocks, unos antiguos muelles reconvertidos en centro comercial que se encuentran a los pies del puente del Puerto de Sydney y frente a la Ópera. Ahí se encuentran algunos de los edificios con más historia de la ciudad, ocupados ahora, en su mayoría por galerías de arte y buenos restaurantes. En uno de ellos, el Munich Brauhaus, me di el capricho de probar las que, según me habían dicho, eran las mejores costillas de la ciudad. Y, sin duda, lo eran.

Sydney Business District

Contrastes en el distrito financiero

Tras este colofón, recogí mi mochila y salí hacia la estación de metro, camino al aeropuerto.

Definitivamente, Sydney me había encantado y ya ha entrado en la lista de mis ciudades favoritas y a las que no me importaría volver pronto. Y, si no estuviese tan lejos de todo lo demás, sería la ciudad ideal para vivir.

Sculptures by the Sea

Otro ejemplo de Sculptures by the Sea

Para leer sobre los días anteriores:

Sydney en tres días – día uno

Sydney en tres días – día dos

Mapa

Deja tu comentario

  1. Genial exposición de Sydney! Qué ganas dan de ir para allá después de leerlo. Enhorabuena por el blog Nacho!!!