Viaje de dos días en Xian

La primera imagen que nos viene a la cabeza al pensar en Xian (西安) son sus famosos guerreros, pero esta maravillosa ciudad ofrece mucho más. Fue la segunda gran ciudad de China que conocí, tras Shanghai, y desde entonces la he visitado en varias ocasiones.

Como muchas de las ciudades de China, al mirarla en un mapa, puede resultar abrumadora por lo grande que es. Pero, tras leer este artículo estoy seguro de que podréis preparar una visita sin ningún agobio y habiéndola disfrutado al máximo.

La población hui en Xi’an es numerosa y muchos mantienen las vestimentas tradicionales

Xi’an fue capital de China en varias ocasiones, aunque del periodo del que más presumen es del de la dinastía Tang, allá por los siglos VII-X. En toda China se considera que fue una época de gran esplendor, con un gran desarrollo de las artes y la economía. En esta época la Ruta de la Seda estaba en su máximo apogeo, convirtiendo Xi’an, que antes se llamaba Chang’an, en la mayor ciudad del mundo, atrayendo a comerciantes de todo el globo.

Y me he detenido en este periodo porque será esencial para entender esta maravillosa ciudad. El Islam, que estaba en plena expansión en Asia llegó a China a través de la Ruta de la Seda, siendo Xi’an uno de los lugares donde más prosperó. La principal etnia musulmana de China, los Hui (回族), tienen una gran comunidad en Xi’an y la convivencia con los Han ha moldeado la ciudad tal y como hoy la vemos. Si ya conocéis ciudades de Marruecos, Egipto o Turquía, encontraréis muchas similitudes en la disposición de las calles en el centro de la ciudad. ¡Y no os perdáis el día de mercado!

Xi’an es la meca de la comida callejera

Para poder dividir bien la visita, os la contaré en el orden en que se la preparé a unos amigos que vinieron de visita para dos días y nos fue bastante bien. El centro de Xi’an está delimitado por murallas, dentro de las cuales están la mayor parte de las visitas imprescindibles.

Dos días en Xian

Como yo salía ese día del trabajo y no tenía tiempo para tomar el tren bala, fuimos en avión desde Beijing. Gran error. En China, siempre que podáis tomar el tren bala, que ahora llega a la mayor parte de las grandes ciudades, hacedlo aunque aparentemente tarde más. Los aeropuertos en China suelen estar lejos de las ciudades, con malas comunicaciones y, además, los vuelos nacionales tienden a tener mucho retraso. Y en este caso llegamos con dos horas de retraso y sin transporte público al centro, por lo que tuvimos que tomar un taxi.

Por suerte, los restaurantes del barrio musulmán abren hasta muy tarde y pudimos cenar unos buenos chuan (brochetas de cordero) y unos sabrosos fideos.

Primer día

Para introducirnos al máximo en la ciudad comenzamos la visita por el barrio musulmán. En muchas guías, especialmente en inglés, se lo denomina Calle Musulmana, pero que no os confunda el nombre ya que abarca un área muy amplia. Tuvimos la suerte de que coincidiese con día de mercado (jueves y domingo por la mañana), por lo que pasamos las primeras horas de la mañana entre puestos de fruta, plantas, ropa, carne y de los objetos más variopintos que se nos pudiesen ocurrir (sí, había una calle dedicada a juguetes sexuales, curiosamente al lado de donde vendían dentaduras postizas). Lo increíble de este mercado es que sin darte cuenta te transporta a la medina de Marrakech a través de sus colores, sus olores y sus gentes. En el mapa del final os indico dónde están los mejores rincones del laberíntico bazar.

En cada calle se vende un producto distinto

Tras haber empezado el día regateando, probando los mejores snacks de la ciudad y sufrir aplastamientos en cada callejuela, salimos hacia la calle Miaohu (庙后街), que nos llevaba directos a la Gran Mezquita de Xi’an, que recuerda más a los típicos templos chinos que a las mezquitas que conocemos. No tiene grandes cúpulas ni llamativos minaretes, y está conformada por cinco pabellones con construcciones religiosas y seglares. Esta es una de las grandes sorpresas de la ciudad, ya que si no fuese por las hermosas decoraciones con caligrafía árabe, fácilmente podría confundirse con el templo de los Lama de Beijing.

 

Arco de entrada a la Gran Mezquita

Alrededor de la Gran Mezquita, muchos comerciantes han aprovechado lo que queda del antiguo bazar de la ciudad para instalar puestos de souvenirs y es el mejor sitio para encontrar tanto los típicos palillos, imanes y telas baratas que se ven en todo el país como algunos artículos más exclusivos, supuestas antigüedades e incluso artesanías hechas a mano «de verdad». No dudéis en regatear hasta la saciedad ya que los xianeses me demostraron ser grandes negociadores que disfrutan de un buen regateo.

Detalles de la Gran Mezquita en árabe sobre arquitectura china

Aprovechando que no habíamos parado de comer en toda la mañana y aún no teníamos hambre, fuimos a visitar la Mansión de la Familia Gao. Es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del centro de China, de ladrillo negro, dividida en diversos pabellones y con las principales estructuras intactas. Eso sí, por mucho que os indiquen allí que el show de las marionetas es para niños, ¡no les hagáis caso! Y, si ya habéis visitado o vais a visitar Pingyao, tampoco hace falta que entréis, ya que allí encontraréis con muchos más ejemplos.

Tras recorrer durante toda la mañana el barrio más tradicional de la ciudad y haber disfrutado de lo que parece ser un viaje en el tiempo, conforme nos acercamos a la Torre del Tambor, el kilómetro cero de la ciudad, cada vez más ejemplos de la China moderna nos traen a la realidad. McDonalds, Starbucks, calles prefabricadas… todos ellos van apareciendo a nuestro paso al ir llegando a la rotonda más famosa de la ciudad.

Pero aún nos esperaba uno de los platos más típicos de la ciudad: el paomo (泡馍), que significa “panecillo empapado” (el mo es el pan ácimo más típico de la cocina hui, y pao significa empapar). Nos entretuvimos un buen rato siguiendo la tradición: primero trajeron el cuenco con un panecillo entero, el cual tuvimos que desmenuzar. Después se lo llevaron para añadirle verduras, carne y sopa de cordero. Es un plato contundente con un olor fuerte, perfecto para un día de invierno.

La Gran Muralla cubierta de una densa capa de contaminación

Tras un merecido café fuimos callejeando hasta la puerta sur de la Muralla de Xi’an, uno de los grandes atractivos de la ciudad. La entrada no es demasiado intuitiva, ya que hay que tomar un túnel que cruza la rotonda frente a la puerta, por lo que id atentos a las indicaciones en inglés.

Arriba de la muralla puedes elegir tú mismo el método de tortura para la visita: por un lado, puedes visitarla a pie, pero se puede hacer bastante largo, aunque solo quieras hacer una pequeña parte, ya que mide más de 4 kilómetros de este a oeste y casi tres de norte a sur; por otro lado, puedes tomar una bicicleta, como hicimos en esta ocasión. Es una forma más rápida que te permitirá recorrerla entera si quieres, pero no olvidéis que es una muralla antigua, y la amortiguación de las bicicletas conocieron mejores tiempos, por lo que pagaréis con dolores en varias partes del cuerpo. Ah, y de los tándem ya ni os hablo.

Las mejores vistas desde la Muralla

Mi consejo para que disfutéis al máximo sin aburriros ni destrozaros las muñecas es que subáis por la puerta sur y visitéis la torre y caminéis 300 metros hacia el este (en el mapa de abajo os lo dejo indicado). En ese trayecto tendréis las mejores vistas de los tejados antiguos de la ciudad, ya que el resto es construcción moderna.

En esta ocasión tomamos la bicicleta hasta la puerta oeste y volvimos a la puerta sur. Algo doloridos, paseamos el trayecto que os indiqué antes y bajamos por una de las salidas secundarias, que nos dejó en la antigua calle de las tiendas de caligrafía. A diferencia de otras calles temáticas de diversas ciudades chinas, Shuyuanmen mantiene cierta autenticidad y la mayor parte de los visitantes que se ven son dibujantes y calígrafos locales en busca de pinceles y papel.

Uno de los espectáculos del teatro Lidu

Para terminar el día nos dirigimos al teatro Yangguang Lidu, donde tuvimos la suerte de conseguir una mesa en el palco, alejados de los grupos organizados. Todas las noches ofrecen una función en la que resumen los grandes logros de la dinastía Tang, mostrando distintos tipos de poesía, danza y teatro mientras disfrutas de un auténtico banquete de raviolis chinos, una de las especialidades de Xi’an.

Segundo día

Al día siguiente aún nos quedaban dos de las atracciones principales de la ciudad: los Guerreros de Terracota y la Gran Pagoda del Ganso Salvaje. El Ejército de Terracota se encuentra a unos 40 kilómetros del centro de la ciudad y, aunque la forma más cómoda de llegar a la entrada es en taxi, el autobús resulta mucho más económico. El más directo es el autobús 306, que se toma en la estación de tren de Xi’an (en la antigua, que se encuentra junto a la puerta norte de la muralla, no la confundáis con la nueva estación de tren bala, mucho más lejos).

Vista panorámica del pabellón 1

Las instalaciones del Ejército de Terracota están preparadas como muchas otras en China: con una entrada principal alejada de la zona de visita principal, por lo que necesitamos tomar una lanzadera y atravesar unas cuantas tiendas antes de llegar a las naves que contienen el ejército. Personalmente, no es mi visita favorita de China pero ¡cómo vas a visitar Xi’an y no su atracción más famosa!

Tuvimos suerte y llegamos antes que la mayoría de los turistas, por lo que visitamos primero el pabellón 1, el que contiene la mayor parte de los soldados desenterrados. Los mejor conservados se encuentran al frente por lo que la primera impresión del ejército protegido por el gran pabellón llega a asustar. Cada soldado es distinto y da la sensación de tener personalidad propia. Ciertamente parece que podrían levantarse en cualquier momento a proteger a su emperador. Una vez pasada la primera impresión y haber fotografiado a todo el batallón, el resto de la visita no resulta tan espectacular. Muchas de las estatuas se encuentran en un estado de deterioro avanzado (¡tienen más de 2000 años!) y ya no resultan tan amenazantes.

El pabellón 2 es el que menos nos interesó pero en el museo protegen algunas de las figuras mejor conservadas, como el arquero que se ha convertido en uno de los soldados más reconocibles del ejército y algunos carruajes de guerra.

Una de las figuras más impresionantes que veréis en el museo

Finalmente decidimos no visitar el túmulo donde se encuentra el emperador Qin Shihuang ya que aún no han desenterrado los soldados que rodean su tumba y solo se puede ver la colina que cubre la tumba y un pequeño museo.

Tras pasear durante casi tres horas por los recintos del ejército, uno de mis amigos se encontraba algo decepcionado. El otro realmente ilusionado. Yo no cuento porque ya lo había visitado previamente.

Para ahorrar algo de tiempo y no esperar al bus, un taxista nos llevó por algo menos de 150 yuanes hasta la Gran Pagoda del Ganso Salvaje, otro de los símbolos de la ciudad. Tuvimos la suerte de llegar justo a tiempo al show de luz y sonido en la mayor fuente de Asia, que se encuentra justo al lado de la Gran Pagoda. Digo suerte porque entre semana solo hay dos shows al día (a las 12:00 y las 21:00), a los que se añaden tres el fin de semana (14:00, 16:00 y 18:00).

Gran Pagoda del Ganso Salvaje

Ya estábamos bastante cansados por lo que la visita a la Gran Pagoda nos tomó bastante tiempo. La torre cuadrada de barro amarillo se encuentra en un monasterio con varios pabellones, templos y, sobre todo, muchos escalones. Al ser un templo activo, no es raro ver monjes y fieles frente a cada figura religiosa del complejo. Pese al cansancio, la tentación nos pudo y subimos a la pagoda (50CNY extra, aparte de los 40 de la entrada al recinto). Sin embargo, no os lo aconsejo ya que las vistas no tienen nada de especial.

Para rematar el día y aprovechando que Xi’an es una de las capitales gastronómicas de China, volvimos al barrio musulmán donde aproveché los consejos de un amigo local para probar las especialidades de cada restaurante. Así aprovechamos para comer más brochetas, roujiamo, babaozhou, fideos de espinacas y tangbao, uno de mis platos favoritos de China.

En China, todo alimento es susceptible de acabar en una brocheta

Al día siguiente, mi tren salía temprano hacia Beijing. Y ellos continuaron a Shanghai.

Habían sido dos días bastante intensos, pero me temo que no habíamos visto todo lo que me hubiese gustado enseñarles. ¿Qué nos faltó? La Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje, El Museo Tangbo, unos cuantos restaurantes, visitar la Torre del Tambor, la Tumba de Yanling… Os contaré un poco más de ellos más adelante.

Mapa

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  1. Nacho, me entusiasmo con tus narraciones. Pienso que deberías ofrecerlas a algún periódico para que te las publicaran y tendrías un montón de seguidores, por lo pronto a mí me tienes de fiel seguidora.

  2. Extraordinario reportaje de tus viajes 2, engancha y espero seguir disfrutando de ellos, se merecen una publicación editorial